Pai, poco de hippie, mucho de natural

Pai Gran Cañon

Llegué a Pai en busca de ese pueblo hippie del que todo el mundo habla. De hippie solo encontré los puestos que por las noches se agolpan en la “Walking street” y algun que otro mochilero que se pasea por allí. Desconozco si en algún momento aquel pueblecito rodeado de maravillas escondidas entre sus montes llegó a ser  en esencia tan hippie como dicen. Pero obviando este tema Pai es un lugar tremendamente bonito. Y eso es algo que se puede intuir cuando, montado en una mini van, te introduces entre el espeso bosque que atraviesa las montañas en un camino repleto de serpenteantes curvas que lo hacen un incomodo viaje si es que sufres de mareos. Afortunadamente no padezco de este mal por lo que no pude más que disfrutar de un trayecto perfecto. Ultimamente no puedo parar de sonreir para mis adentros mientras me traslado de un lugar a otro y me repito a mi misma lo afortunada que soy y lo que me gustaría que mucha gente pudiera disfrutarlos conmigo. Por este motivo me gusta escribir este diario para ser los ojos de los que me acompañan en el corazón en cada paso que doy.

El calor abrasador de las 12 de la mañana me hizo acordarme del momento en el que se me ocurrio reservar una cabaña a 10 minutos andando del pueblo. Se me pasó en el momento exacto en el que deje mi pesada mochila en mi cabaña de 2 metros cuadrados con un colchón en el suelo, una mosquitera y un ventilador y mire a mi alrededor. Era justamente ahí donde quería estar. KK Hut se convirtió en ese lugar donde uno quiere volver una y otra vez. Por 150 baths (4 euros) la noche con un desayuno compuesto de huevos, tostadas y té o café, no había nada más que pudiera pedir.

Mi cabañita de Pai

Mi cabañita de Pai

Pai es un pueblo pequeño compuesto de cuatro calles que se pueden recorrer a pie. Por el día no hay mucha gente en la calle ya que todo el mundo se encuentra recorriendo los alrededores. Al no conducir motos solo me quedaba la opción de hacer un tour. No soy muy fan de este tipo de cosas pero no me quedaba más remedio. Mi intención era realizar un trekking pero salía excesivamente caro. Conocí a Diego, un chico brasileño con el que pactamos con la agencia Back Trax hacer nuestra propia versión del tour. Normalmente estas agencias te llevan a sitios concertados que incluyen desde un campamento de elefantes (donde normalmente maltratan a los pobres animales) a una granja prefabricada de fresas. Junto al peculiar chino Max acordamos con nuestro guía nuestro recorrido. Chianchai, que así se llamaba, resulto ser de lo más divertido, si os acercais por Pai ycontratais un tour no dudeis en ir con él.

Diego, Max y yo

Diego, Max y yo

Pai tiene varias maravillas escondidas entre sus resorts de lujo desperdigados entre sus caminos. Sin duda las más destacables son sus catarátas, Pam Bak y Mo Paeng Namtok, donde refrescarse en los calurosos meses del verano (Abril y Mayo). Según nos comentaron en los meses despues de la temporada de lluvias (noviembre y diciembre) las catartas estan en todo su esplendor y bañarse no resulta sencillo. Otro de los lugares impresicindibles que la naturaleza tiene preparada para los visitantes de Pai es el Gran Cañon, tan impresionante de ver desde fuera como de cruzar evitando no perder el equilibrio. Dicen que ver el atardecer entre sus caminos es algo que hay que ver. Yo no pude comprobarlo.

Catarata sin mucha agua

Catarata sin mucha agua

El Gran Cañón de Pai

El Gran Cañón de Pai

El resto de puntos de interés resultan un tanto prefabricados. Ejemplo de ello es el pueblo chino que se compone de unas 100 viviendas habitadas por ciudadanos que un día decidieron abandonar China para establecerse en ese pequeño punto de Tailandia. Una reproducción de la gran muralla China y juegos como un columpio para 4 personas en forma de rueda o unas dianas con sus arcos y sus flechas con el único fin de sacar dinero al turista. O una casa en el arbol en un resort de lujo. Pero ¿y lo bonita que queda la foto?

Reproducción de la Gran Muralla China de Pai

Reproducción de la Gran Muralla China de Pai

Al atardecer cuando el calor amaina y la noche acecha salen los hippies de debajo de las piedras de los campos y los puestos callejeros aparecen para dar paso a ese otro Pai. El de la comida callejera y los abalorios, el de la live music en los rincones de sus bares como Spirit. Un encantador jardín donde puedes encontrar a un vasco tocando Los Rodriguez o un brasileño con cara de thai cantando bossanova. En este punto del viaje me reencontré con Labros y Chanelle a los que conocí en Laos y a los que ojalá vuelva a ver algún día en Barcelona o donde sea. Una pareja de lo más encantadora.

Y de vuelta a la silenciosa cabaña en mitad de la nada donde el único sonido que se escucha es el de los grillos que cantan y algún que otro sapo o gecko que anuncian su presencia. Sin duda Pai es ese sitio que hay que visitar aunque no sea todo lo hippie que nos dicen y la ola de tursimo lo haya invadido, aunque quiza algo menos que al resto del país. Sigue siendo ese pueblo resguardado entre montañas con rincones en su naturaleza dignos de descubrir.

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