Kuala Lumpur ciudad de paso

Torres Petronas

Torres Petronas

 

“El verdadero objeto de la ciudad es hacernos desear el campo” Eduardo Marquina

Y es que justo esas palabras se me vinieron a la cabeza cuando pisé Kuala Lumpur, la capital malaya. Una ciudad de paso para descubrir el resto de maravillas que oculta este país. Llegué por la tarde noche, el autobus de la compañía KKKL me dejó en Chinatown, barrio popularmente conocido por sus guesthouse baratas lo que la convierte en un punto de encuentro de mochileros. Me dirigí a uno que me habían recomendado, Wheleers. El hostal en sí era bastante cutre, pero barato. Pregunté por una habitación individual que costaba 30 ringgits (7,28 euros) pero al estar todas ocupadas me ofrecieron una con 3 literas por 20 ringgits (4,80)la noche. Aquella noche vagué un poco despistada en busca de un sitio para cenar recorriendo las calles del barrio chino atestadas de puestos callejeros con todo tipo de artículos a bastante buen precio. Cené un plato de arroz con pollo con una botella de agua todo por 8,5 ringgits (2 euros).

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Chinatown

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Al día siguiente me dispuse a recorrer la ciudad. De primeras me impresionó lo caótica que es. No conseguía ubicarme y los malayos no me parecieron muy comunicativos y me costaba mucho entenderles hablando en inglés. El choque de venir de una ciudad como Singapur donde todo me resultaba muy sencillo se me hizo un poco duro.  Muchos semáforos no funcionan y cuando lo hacen los coches a veces no los respetan. No me extrañaría nada que la primera causa de muerte en este país fuera por atropello. No contentos con eso, conducen por la izquierda y al contrario que en Londres donde te indica en el asfalto a donde mirar, aquí tienes que confiar en acordarte cada vez que quieres cambiar de acera. Cuando conseguí hacerme como un mapa y encontré el LRT monorail (metro) me dirigí al símbolo más representativo de la capital, las Torres Petronas. El metro es muy barato entre 1,20 y 1,80 ringgits (0,29-0,38 euros) y el billete es una moneda de plastico que al salir tienes que dejar en una ranura.

Billete de metro

Esto es un billete de metro para los malayos

La zona de las torres está llena de edificios de oficinas y la zona es más limpia y menos estresante. Aun así me seguía costando ubicarme. Según salí del metro aparecio ante mi la torre de televisión que me recordó a mi queridisima Berlín y se me escapó una sonrisilla pensando en mi Berliner Crew, mi familia viajera, esa panda de personas increibles que me ha acompañado en practicamente todos mis viajes y a los que tantísimo echo de menos en estos momentos de soledad.

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El pirulo de Kuala Lumpur

Después de visitar la zona de edificios y oficinistas con tarjetas colgadas al cuello que me recordó a mi epoca trabajando, me apetecía un poco de tranquilidad así que elegí el jardín botánico de Perdana donde me perdí un rato entre sus plantas. En este jardín hay un parque de aves, otro de  mariposas y otro de ciervos pero yo solo entré en el Orchid Garden (Jardín de Orquideas). Casi de cuasualidad cuando ya me iba aparecieron unos monetes y me acerqué con ciudado ya que dicen que tienen bastante mala leche.

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Nenúfares en el jardín botánico

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Mamá mona con monete enganchado

El cansacio y de nuevo el dolor de espalda se apoderaron de mi después del tremendo paseo que me dí así que volví al hostel con la esperanza de acercarme al día siguiente a las Bathu Caves que son una serie de cuevas y templos situados 10 km al norte de la ciudad y a los que se accede en tren. Lo que sucedió finalmente es que no dormí bien aquella noche y Kuala Lumpur pudo conmigo por lo que cogí mi mochila y me fui a un sitio más tranquilo, Cameron Highlands. Tenía ganas de campo y algo de paz para recuperar fuerzas. Este trayecto cuesta 35 ringgits (8,50 euros).

Caminantes en el cámino

He pensado hacer una sección dentro de cada lugar contando anecdotas de personas que me vaya encontrando :)

Cuando quise llegar hasta el jardín botánico pregunté a una mujer malaya en que dirección tenía que dirigirme y me dijo que estaba muy lejos por lo que era mejor coger un autobús. La mujer muy amablemente me acompañó hasta la estación y se preocupó por enterarse cual tenía que coger. Mientras ibamos andando me preguntó si era católica a lo que respondí que no. Cuando finalmente encontramos el autobús me dió su mail y me dijo que la escribiera para ir un día juntas a la iglesía. Pero no contenta con eso me pidió mi mail por si acaso. Tuve que darle uno falso ya que la veía mandandome estampitas de jesús todos los días…

En el hostel conocí a una simpática argentina de 25 años que me acompañó a la estación de autobuses. La chica llevaba dos años viajando con su novio pero él en estos momentos estaba en Australía y ella tenía que ahorrar un poco más por lo que estaba trabajando en Kuala Lumpur. Me dió algunos consejos muy útiles sobre como actuar en una estación donde muchos malayos te acosan en las puertas para venderte billetes al parecer más caros. Hay que ir decidida hasta las taquillas y no hacerles caso o incluso ponerse borde si se ponen muy pesados. Cuando llegamos a la taquilla me dijo que mirara que el precio que me había dicho la vendedora correspondía con el que escribia en el billete. Después me acompañó hasta la plataforma desde donde saldría mi autobus. La chica no se creía que tenía 32 años y me dijo que ojalá ella llegara a mi edad así de bien. Halagos que suben la autoestima :)

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