Hasta pronto Madrid, hola Singapur!

 

Todavia se puede hacer selfies sin palo. En Chinatown con los adornos que decoran las calles para recibir el año nuevo chino

“Nada que merezca la pena en esta vida es fácil.” Dr. Kelso en Scrubs

Esas palabras resonaban en mi cabeza mientras, camino del aeropuerto, las lágrimas empañaban todos los whatsapps que me mostraban apoyo y cariño. Entonces pensé que se me estaba dando bastante mal eso de la práctica del desapego. Últimos abrazos, últimas llamadas y miles de “hasta prontos” acumulados en la garganta. Sin mirar mucho hacia atrás caminé por el control de equipaje. Llegó el momento. Pero ya lo decian Gary & The Pacemakers, nunca caminaré sola.

Una media hora más tarde ya empezaba a notar las consecuencias de una mochila pesada y una espalda un poco defectuosa. “Nada de excusas” pensé para mis adentros, ahora no es momento de echarse atrás. Quedaban 24 horas de viaje hasta llegar a mi primer destino, Singapur. Ese donde alguien me esperaba, ese donde me sentiría como en casa. 

Un vuelo de 2 horas y media, una escala de otras 5 y media y un vuelo de 13 horas más y por fin llegué. Ahora solo quedaba un tramo en metro para llegar a mi destino. En Mei Ling Street en el barrio de Queenstown me esperaba la mejor de las anfitrionas, Hairen, que desde el primer minuto me ha cuidado como una madre. El MRT (metro) en Singapur es muy sencillo, tan solo tiene 5 lineas. Para utilizarlo hay que compra una tarjeta (Ez Link) que creo que cuesta 5 SGN (Dolar de Singapur que equivale a 1,5 euros), digo creo porque a mi me dejaron una unos amigos que estuvieron hace poco. Te hacen recargarla con mínimo 10 dolares y cuando devuelves la tarjeta te devuelven los 5 dolares que te costó.

Durante mis dos primeros días he tenido que lidiar con el temido jet lag que me ha tenido en vela dos noches completas. Sin duda el haber tenido la oportunidad de pasar estos días junto a alguien cercano en una casa de lo más acogedora ha hecho que la transición al horario haya sido mucho más llevadera. El primer día no hice practicamente nada más que dormir y descansar. Un paseo por el barrio hasta Anchors Point, un cruce lleno de centros comerciales, y de nuevo a casa a descansar.

Singapur a primera vista es una ciudad/estado bastante similar a cualquiera que te encuentres en occidente. Es muy limpia y en los centros comerciales puedes encontrar practicamente de todo, desde un Ikea hasta un centro solo de artículos deportivos, Nike, Asics, Adidas… Los precios no son tan baratos como imaginé. Tiene cuatro idiomas oficiales (inglés, mandarín, tamil y bahasa que se habla tanto en Malasia como en Indonesia) y en ella conviven religiones como el islam, el cristianismo, el budismo y el hinduismo lo que la hace espectacularmente multicultural.  Se compone de una isla principal y 63 más pequeñas. Tiene el poder adquisitivo más elevado del Sudeste Asiático y en sus calles puedes ver coches de alta gama tipo BMW, Lexus, Chevrolet…  Me parece increible estar en esta isla que hace 4 años y medio no sabía ni colocar en el mapa. En el verano de 2010 en el Festival de Samba de Coburgo conocimos a una tropa de singapurenses entrañables y recuerdo que no sabiamos si era un país o una ciudad, resulta que era las dos cosas. Los Samba Masala nos abrieron las puertas del sudeste asiático.

Singapur en el mapa

Singapur en el mapa

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Samba Masala en Coburg Samba Festival

Mi segunda noche en vela terminó con una estupenda comida tradicional española con verdinas cocinadas por mi anfitriona y jamón y ensalada traidos por dos de sus amigas de aquí. El destino juntó en esta ciudad a Hairen con Marta, la compañera de piso en Barcelona de mi amiga Elisa. Todas unas encantadoras biólogas. Pero el domingo me aguardaban más sorpresas. Cena con los propietarios de la casa donde han vivido durante todo este año Hairen y su novio Chabi, que actualmente se encuentra en Viena. Me habían hablado de ellos, Ru Xin y Steven, pero solo hasta que les conoces entiendes porqué les han cogido tanto cariño. Son simplemente geniales. Una pareja perfecta que les ha cuidado como unos padres durante su estancia. Nos invitaron a cenar en un restaurante cerca de su nueva casa, situada en las afueras de Singapur, en un perfecto barrio residencial lleno de chalets. Conocer las ciudades a través de sus gentes es algo que me ha fascinado desde siempre. Las atracciones turisticas podían esperar.

Hairen, Ru Xin y Steven

Hairen, Ru Xin y Steven

Una vez superado mi jet lag, por fín he sido capaz de levantarme a una hora decente para recorrer parte de la ciudad. En (casi) todas las ciudades hay un barrio chino, Singapur no podía ser menos. Chinatown, engalonada para celebrar el 19 de febrero el año nuevo chino, me esperaba. Rojo y dorado por todas partes, centros comerciales laberínticos y templos budistas. Mientras recorria sus miles de puestos me alegraba de ser mochilera, ya que de otra manera habría caido compulsivamente en la compra de todo tipo de objetos inútiles y prendas de vestir. Pero el consumismo es completamente contradictorio a la filosofía de “menos es más” que te hace cargar con todas tus pertenencias a las espaldas.

Unos paisanos haciendose la típica foto con el Buddha Tooth Relic Temple de fondo

Unos paisanos haciendose la típica foto con el Buddha Tooth Relic Temple de fondo

 

Monjes oficiando una misa

Monjes oficiando una misa

Para mostrar respeto te piden que te cubras piernas y hombros

Para mostrar respeto te piden que te cubras piernas y hombros

Unos pasos más y me encontraba en el barrio financiero, trajes, camisas y vestidos elegantes. Al llegar en la hora de la comida (entre las 12 y las 14) el mercado (o foodcourt como lo llaman aquí) Lau Pa Sat estaba completamente lleno de oficinistas. Seguí caminando rodeada de rascacielos envueltos en cristaleras y llegué a otro de los sitios emblemáticos de la ciudad la bahía, Marina Reservoir.

Lau Pa Sat Foodcourt

Lau Pa Sat Foodcourt

 

Ataviada con mi mapa cual turista perdida, he tenido que preguntar en más de una ocasión como llegar a algún punto (los mapas y yo no nos llevamos demasiado bien, estoy segura de que seré capaz de resolver esta carencia durante mi viaje). En este mundo lleno de tecnología en el que hemos cambiado el preguntar por la rapidez, nunca viene mal tener tiempo para perderse y volverse a encontrar sin tener que recurrir al Google Maps. Es una de las maravillas del viajar sin prisas, el contacto con la gente. Los singapurenses son bastante simpáticos y muchos de ellos al verme sola se han preocupado por mi indicandome que la ciudad es muy segura, algo de lo que ya me habían hablado.

Comida típica singapurense. Suelen acompañarla de una sopa. Esto que me he pedido no me ha gustado mucho. Era un self service donde cogías las piezas que quisieras y podías añadirle unos noodles

He comido en un self service en el que cogías las piezas que quisieras y las añadian unos noodles. Suelen acompañar los platos con una sopa. Esto que me he pedido no me ha gustado mucho…

Me encuentro tan agusto que me va a dar mucha pena dejar la ciudad, tanto por como me están tratando como por la amabilidad de sus habitantes. Pero la vida fluye y en un par de días partiré rumbo a Malasia.

Y tú ¿sabías donde se encontraba Singapur? ¿Te gustaría conocerlo?

 

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