Reflexiones de un mes caminando sin excusas

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“La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes” John Lennon

Hoy sentada frente al mismo mar de Andamán que ya conocí 4 años atrás con los pies descalzos hundidos en la arena, intento hacer balance de un mes de infinitas aventuras y desventuras que no habría podido experimentar si no hubiera tomado la decisión de abandonar mi trabajo el 31 de diciembre del año que dejamos atrás.

He aprendido que viajar sola es duro, tanto que a veces te dan ganas de tirar la toalla o peor aun, que alguién la tire por ti porque no sabes de donde sacar las fuerzas para hacerlo. Que la cabeza te puede jugar muy malas pasadas y que absolutamente nadie puede ayudarte a salir de ahí, solo tu mismo. Que a veces cuando salimos de nuestra zona de confort se nos olvida lo que no nos gustaba de ella y queremos dar un salto mortal para poder volver e imaginar que todo ha sido un mal sueño. Que nos pasamos la vida odiando la rutina y cuando salimos de ella nos sentimos tan perdidos que incluso es posible echarla de menos. Buscamos libertad y cuando la encontramos no sabemos que hacer con ella. Durante meses fantaseé con la idea de hacer yoga mirando el sol juntarse con el horizonte y en los primeros días sola a 10.000 kilómetros de mi casa lo único que deseaba era volver a encerrarme entre las cristaleras de la oficina que me vió crecer los últimos 7 años de mi vida. “Máldito sindrome de Estocolmo” pensaba para mi mientras se me escapaba sin mi permiso una lagrímilla y una decena de personas me mandaba ánimos desde la que era mi casa.

Pero me he dado cuenta de que aunque nadie dijo que fuera fácil, tampoco nadie dijo que fuera imposible. Que cuando peor están las cosas solo hay una posibilidad, que mejoren. Que siempre hay alguien que aparece para sacarte una sonrisa que habías dejado guardada en algún bolsillo de la mochila. Que un día viajando es equivalente a dos semanas en tu entorno habitual, siempre hay algo que contar, algo que destacar, una persona que conocer o un sitio que visitar. Que cuando las telarañas se apartan de tus ojos y las espectativas se alejan de tu mente todo fluye y solo tienes que sentarte en una roca a observar que la vida pase, a dejarte sorprender, a que los fuegos artificiales iluminen la playa que antes veías vacía y llena de lluvia. Que aunque no puedas a la primera, la mayoría de la veces hay una segunda oportunidad para demostrarte que eres capaz.

El camino me está enseñando que es complicado apartar las excusas de la cabeza y el “no puedo” de la boca. Que planificar la vida no vale de nada y que a los grandes como John Lennon hay que tenerlos siempre presentes porque la vida nos pasa delante de los ojos y la mayoría del tiempo nos pilla mirando hacia otro lado.

Este año me he propuesto una gran meta y en estos casi dos meses transcurridos todavía no sé que quiero ser de mayor aparte de feliz y no estoy segura de si llegaré a averiguarlo. Por eso mato el tiempo entre viviendo y plasmando lo que vivo en este pequeño rincón. A veces le pregunto a las estrellas pero estas ya se han cansado de contestarme que ellas tampoco lo saben. De momento sigo este camino sin destino intentando no mirar mucho atrás por si me da por querer deshacer los pasos ya dados.

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